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Trucha del alto Ara

Las truchas del alto Ara

Cierro los ojos y veo un precioso río de alta montaña de aguas turquesa cristalino que discurre sin esfuerzo por un amplio y verde valle salpicado de abetos, robles, hayas… El río es pequeño, el agua congelada apenas me llega hasta las rodillas y si me quedo quieto demasiado tiempo el frío se va apoderando de mi, sin embargo las truchas están ahí, no se las ve, pero ahí están y hoy… ¡Tienen hambre!

Nos sobrecoge el lugar amplio, luminoso y alpino teniendo en cuenta los cañones cerrados y el sinuoso y estrecho camino que antecede a este pequeño edén, la sensación es como de entrar en otro mundo, en ese lugar de ensueño donde las truchas comen sin parar durante todo el día y hacen las delicias del pescador a mosca.

Según llegamos al río vimos un pequeño brazo de agua donde desembocaba un arroyo de agua procedente del deshielo y ahí mismo, sin pensar en “un poco más allá” o “un poco más lejos mejor”, nos colocamos y empezamos a lanzar. Un lance a la corriente, mi mosca cae y atraviesa la zona turbulenta y espumosa y se desliza sobre el rápido riachuelo de forma correcta, miro a mi compañero, me sonríe, sonrío.

Truchas del alto ara

Otro lance a la corriente, mi stone fly navega por el río Ara como una barca de rafting por los Cañones del Colorado y de repente, como un relámpago sale una pequeña trucha tomando como si nada una mosca casi tan grande como su boca. La miro fijamente, posee grandes aletas, motas naranja vivo y negras salpican todo su lomo y su tono va del blanco al verde o plateado. Las truchas del alto Ara eran sencillamente preciosas, de tamaños muy aceptables para la altitud en la que nos encontramos. Con un bravío y fuerza admirables pese a su pequeño tamaño, disfrutamos de cada pequeño trofeo como si de un gran ejemplar se tratase.

De repente el alboroto de la calle me saca del ensueño, me dirijo a la ventana y miro a través de ella, no consigo ver el cielo aunque puedo sentir que hay un sol radiante, el sonido de la multitud y el tráfico penetran en mi mente y se comienzan a volver insoportables. Cierro la ventana, cojo las llaves, mi mochila, mi caña y salgo por la puerta.


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