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De nuevo me cae un día tonto entre semana para poder acercarme a por unos barbos urbanos, imaginaos el panorama, ni un alma en el lago, sol radiante, ausencia de viento… y los barbos comiendo… De nuevo la emoción estaba asegurada.

Llego pronto a la orilla de la Laguna del Campillo, el reloj apenas marca las 7:30 y empieza a haber claridad. El lago no puede estar más bonito, todo verde a su alrededor, el agua en calma y cortinas de vapor desprendiendose del agua. – Ahora se porqué me gusta la pesca. –

En pocos minutos todo estalla de vida y como no podían ser menos, carpas y barbos comienzan su orquesta de saltos, chapoteos y cebadas en la superficie mientras un servidor se queda estupefacto admirando la maravillosa estampa primaveral. Embebido en mis pensamientos, coloco una hormiguita pequeña y lanzo allá donde veo una cebada. Los peces saltan por cientos y yo no se donde narices posar la mosca, al final dando tumbos de un lado para otro el festín se termina, bolo técnico y los peces que se cuentan una.

Decido relajarme un poco. – Vamos a buscarlos tranquilamente en las junqueras. – Y así de camino me voy preparando un nuevo bajo conociendo lo que se me avecina, moscota y bajo del #0.23.

Coloco en esta ocasión un montaje que me funciona muy bien, una ninfa de quironómido exageradamente grande y con el tórax de avestruz roja. No tardo en descubrir multitud de barbos comiendo en las junqueras, como saben los jodios que ahí están protegidos y que no hay quien ponga una mosca en lugar correcto. Me acerco sigiloso, la ausencia de viento me permite manejar la mosca con facilidad, estoy muy cerca, lanzo a modo de péndulo, cae a su lado y la toma sin remilgos… En sólo un segundo vi como quedaba mi bajo partido en dos y un buen barbo se llevaba un piercing made in El Barbo. Una sonrisa tontorrona se dibuja en mi cara…

barbo-celo

Nuevo bajo, nueva mosca, esta vez un quironómido normal pero también de proporciones exageradas. A pocos metros de donde estaba el anterior veo a un barbete bajo la hojarasca. Mis situación, mismo movimiento, el barbo se adelanta y mete y saca su boca repetidas veces, como si se le fuera a escapar. El cachete suave y esta vez el pez sale directo a la salida de los juncos, el freno totalmente abierto baila y silva sin parar hasta que el pez topa con la pared vegetal, y como no podía ser de otra manera, se lía y enreda todo lo que puede entre ramas y tallos. No obstante, con paciencia conseguí sacarlo del amasijo y sacarle la foto de rigor:

Sorpresa y mayúscula encontrarme aquel barbo tan sumamente marcado ya y evacuando esperma a la mínima presión, sinceramente pensaba que se encelarían más tarde, no hay como salir de pesca para conocer mejor a nuestro mejor amigo.

La mañana transcurrió interrumpida de vez en cuando con un bajo roto, un piercing más por el embalse y algunos rechaces, por lo general lo peces comiendo, pero desclavándose cada dos por tres o perdiéndose en la maleza. Decido entonces salir de la junquera y probar suerte en zonas más accesibles, aunque a sabiendas de que no hay tantos barbos, con la esperanza de verlos en superficie antes de que avance demasiado el sol. Cuando llego ahí están, dejando ver esas bocotas y esas barbas por encima de la superficie y cantando mi single favorito: “Chup chup chup”.

Sin reparar en mi aparejo comienzo a lanzarles y comienzo a desesperarme. En seguida me doy cuenta del fallo. – Raúl… llevas puesta una ninfa tonto ‘lava. – Como me fastidia ese momento, tener que cambiar de mosca porque los señoritos están arriba ahora y comiendo sin parar. En una de estás observo como un barbo enorme se ceba sin parar y pequeños dípteros huyen a su paso despegando desde la superficie del agua. – Aaaaaaaaaaaa!!. Y yo aun haciendo el nudo a la “corvata”. –

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El gran barbo pasó de largo para cuando quise tenerlo todo listo, no obstante otros estaban por allí y harían de mi escarabajo su apetitoso desayuno. La voracidad de los peces me dejó atónito, según tocaba el bicho el agua se giraban y buscaban como locos lo que hubiera podido caer al agua. Que maravilla, esto sí es el paraíso. (Este mozalbete de la izquierda estuvo a punto de terminar con la línea, pero finalmente no tuvimos que recurrir al backing).

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Los lances se sucedieron durante media horita más en la que conseguí clavar finalmente 4 barbos y que me regalaron con fantásticas carreras y embestidas hacia el fondo. Una buena manera de que el equipo ya desoxidado vaya cogiendo fuerza, que dentro de nada… Nos vemos en la subida.

Un abrazo

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8 respuestas a “Una de Barbos, escarabajos y quironómidos”

  1. Junior dice:

    Olha, eu realmente me impressiono com esses peixes. Aqui perto tem uma lagoa que dizem, tem carpas, nunca as vi, preciso frequentá-la mais.
    Parabéns pelo relato, ficou muito legal

  2. Leo Kutú dice:

    Hno. de los anzuelos, Raúl:
    Las complicaciones forman parte del folklore de la pesca.
    ¡A seguir disfrutando!.
    Un afectuoso sapukay.-

  3. barbux dice:

    Muy buen relato amigo Raul; pero es que tu no paras. Vaya carrera que llevas este año, y estabas tu desesperao porque no pinchabas…………………………….Pronto los pillaras a seca.
    Mis felicitaciones y animos para seguir asi.
    Un abrazo y como bien dices, nos vemos en la subida.

  4. El Barbo dice:

    Estoy en racha Lendez, y no paro como bien dices. Cada vez que tengo un ratillo me escapo.

    Verás mañana, que ahora me escapo a ver si pillo unas carpotas gordas.

    Un abrazo.

  5. Roberto dice:

    Jooooooder, con lo cerca que tengo la laguna del campillo y nunca he ido a pescar barbos allí. Por asuntos de trabajo ahora viajo constantemente por el mundo, si paro alguna vez por Madrid me pongo en contacto con tigo y vamos a pescar unos barbitos por Madrid.

    Un saludo, y buena pesca.

  6. El Barbo dice:

    Roberto, benido al blog.

    Por mi sin problemas, aunque la laguna del campillo es un poco… como decirlo… para cuando no hay nada mejor o más cerca. Pero vaya, cuando quieras, nos vamos.

    Un saludo, y gracias por participar.

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