La pesca del barbo a mosca en superficie es una de las pescas más gratificantes que puede practicarse, una pesca emocionante con luchas potentes y frenéticas embestidas hacia el fondo, cerca de casa y con abundancia de pesca. Pondrá a demás en graves aprietos a nuestros equipos ligeros, su forma cilíndrica y su poderosa cola lo permitirán algún día remontar su río natal para desovar al igual que un salmón, por lo que nos encontraremos con un bello y fuerte adversario.
Los momentos en los que esta pesca se torna más efectiva son los primeros del día, justo cuando sale el sol y cuando las carpas ya han dejado de boquear en la superficie. Entonces empiezan a salir los insectos y con ellos nuestros barbos, que patrullarán las orillas provistas de vegetación hasta que suba el sol. Si por el contrario las orillas no tienen vegetación, encontraremos a los barbos hociqueando en el fondo en busca de ninfas. Durante el otoño en cambio, y sobre todo al salir la hormiga de ala encontraremos a los peces en la superficie durante casi todo el día, solo disminuyendo su actividad en las horas centrales del día.
No debemos olvidar nunca que el barbo está echo para comer en el fondo, de ahí la forma de su boca y sus cuatro barbas a las cuales debe su nombre, por lo que no siempre tendremos la oportunidad de pescarlo en superficie. En cambio, en las situaciones descritas anteriormente encontramos a un barbo atípico, confiado y glotón, que se girará en 180° para engullir nuestra mosca si no delatamos nuestra presencia. Ni que decir tiene que tampoco todos los días están con el mismo humor…
Para atraer al pez aprovecharemos el volumen de nuestros bichos de foam para dar un golpecito en el agua, eso es… un golpecito ¿Ok? debe ser suave y por delante del pez, si lo consigues la carrera está asegurada. Las imitaciones más utilizadas son los escarabajos de foam en todas sus variantes y colores, las hormigas de ala, saltamones, chernobyls pequeñas e incluso algún popper. Estos últimos se pueden usar con forma de rana, higo, mora, u otras bayas de arbustos rivereños y son utilizados en épocas muy concretas.
Para ser ciprínidos, los barbos tienen vista suficiente para detectarnos a una distancia moderada y su continuo deambular les permite cubrir todos los ángulos, esconderos bien o utilizad una atalaya donde acecharlos a distancia. El bajo debe ser suficientemente largo, al menos un par de metros y el monofilamento no debería bajar de 0,18mm, el barbo restriega los morros fuertemente con las piedras, un terminal de fluorocarbono nos evitará alguna que otra rotura.
Enlaces relacionados




