El día no se había levantado del todo bueno, las nubes densas bien cargaditas se intercalaban con algunos claros por donde un sol tímido ofrecía una temperatura medio aceptable, así y todo estaba decidido a sacar el máximo partido a unas horitas de pesca en el embalse de Alcántara.
El lugar escogido fué la desembocadura de la rivera Araya o arroyo Araya, junto al ya citado embalse de Alcántara, en Garrovillas. Al llegar, la primera sensación que tuve fué de desaliento, frío, nubes y aire, mucho aire. No había muchas alternativas, el arroyo iba seco y el embalse se extendía hacia ambos lados sin mucha posibilidad de buscar zonas más refugiadas del viento, a demás, la nula actividad en la orilla me hizo decidirme por pescar unos cortados con un estrimer de conejo, a ver si algún bass despistado me alegraba la mañana.
Un lance corto frente a un tronco, fallé. El estrimer se queda prendido en algo debajo del agua y al segundo tirón… adiós estrimer…
- Pues bien empezamos… – En esto, una cola sale en la otra orilla… un chapoteo y una carrera… – Los barbos, los barbos están activos!!!!
Recojo corriendo, coloco un escarabajo de foam y salgo pitando hacia la otra orilla caña en mano y con la sensación de poder sacar a delante una mañana que aparentaba perdida. Según llego… ni rastro del dichoso barbo.
Algo más animado (“alguno más tendrá que haber…”), decido cambiar de táctica, y la pesca al agua da paso a un maravilloso rececho. Unos metros más alante los vuelvo a ver…
- ¿Pero que es esto? – Los barbos por decenas junto a las orillas, buscando… yo que se qué… y todos de tamaños descomunales, kilo y medio, dos kilos… algún mini-bus… Que maravilla, de repente tenía la sensación de estar en el paraíso… si no fuera por el viento…
Poco tardé en encontrar una buena postura, un buen barbo nadaba justo en frente mío seguido de un par de ellos más, saco linea, lanzo, poso suavemente el escarabajo a su lado y… ZASSSS!!!!
Un barbo enorme que ni había visto, sale de no se donde y engulle mi imitación de escarabajo. El cachete suave hizo penetrar el pequeño anzuelo en la suave boca y el barbo por su parte, me regaló con una magnífica carrera. Casi no sabía como reaccionar a las embestidas de la falta de práctica, y es que a pesar de estar ya en abril… no había tenido oportunidad aun de pescar estos torpedos.
Lo orillé, lo observé… casi no me cabía en la mano cuando lo cogí por el lomo. – Que pepino! – La foto pertinente y cuidadosamente de nuevo al agua. Que buena manera de empezar el día, y casi de terminarlo, poco después tuve otra fantástica picada a una imitación de miga de pan, pero no hubo narices a que tocara tierra.
Este barbete va dedicado a toda mi gente de Sevilla (y del sur), que nos regaláis con fantásticos barbos gitanos en vuestras páginas. Espero poder traeros más a menudo instantáneas de estos, nuestros fantásticos barbos comunes.
Un abrazo.




